El Día Internacional de las Personas con Discapacidad fue declarado en 1992 por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo es promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidades en todos los ámbitos de la sociedad y el desarrollo, así como concienciar sobre su situación en todos los aspectos de la vida política, social, económica y cultural.
En este artículo me gustaría recordar cómo la neurociencia actual demuestra lo que María Montessori predijo hace más de un siglo con sus más de cuarenta años de observación y trabajo directo con niños en diferentes lugares del mundo.
Tal y como expliqué en la entrevista que me hicieron en Servimedia, Montessori comenzó sus primeros años de ejercicio profesional en lo que vulgarmente llamaban “manicomios”, donde encontró niños abandonados por el sistema. Creyó en ellos y logró enseñarles a leer y escribir para que pudieran tener una vida digna y no estar condenados a ser una carga con poca ambición de futuro.
Montessori no era nada capacitista, y estaba convencida de que todos los niños podían aprender aunque tuvieran alguna dificultad. Si por ejemplo falla un sentido, como en casos de existencia de una discapacidad auditiva o visual, entonces, se potencian todos los demás. Para ello, ella diseñó gran cantidad de materiales manipulables que potenciaban la autoeducación de los más pequeños.
Todo esto se ve muy bien en la película María Montessori que estrenaron hace dos años y en la que tuve el placer de colaborar con la distribuidora y hacer un prestreno en Madrid con mesa redonda.
Su método combina medicina y pedagogía, y es realmente una forma de mirar a la infancia, una filosofía de vida.
En sus aulas no se ven las diferencias, sino las potencialidades de cada niño y cada niña.
Además, no se se separa por año de nacimiento: se juntan niños de tres años consecutivos, lo que favorece que que cada niño se pueda adaptar a su ritmo en función de su desarrollo cognitivo, físico y social.

En la pedagogía Montessori no hay libros o asignaturas, trabajamos con el currículo expuesto en forma de materiales sensoriales.
Se confía en que cada niño y cada niña es capaz de construir su propio aprendizaje en función de sus intereses y sus periodos sensibles.
Los materiales son manipulativos y autocorrectivos, por tanto los niños y niñas pueden descubrir los aprendizajes por sí mismos de forma autónoma y esto hace que el maestro pueda no tenga que plantear continuamente actividades dirigidas y por tanto pueda dedicar tiempo a la observación, que es la base del método.
El hecho de que los materiales tengan su propio control del error es una gran motivación, porque es como si el infante tuviera que resolverlo retándose a sí mismo. Eso hace que sea muy estimulante y muy gratificante, tienen el sentimiento de logro, de ‘yo solito soy capaz’ y eso redunda en la autoestima.
Si este artículo te ha gustado y te ha resultado útil, agradeceré que dejes un comentario y lo compartas con compañeros a los que pueda ayudar.
Y si, además, sientes que todo esto conecta con tu filosofía de criar y educar te recomiendo que eches un vistazo a nuestro curso Montessoriza tu Aula, a la formación para docentes y centros educativos o a nuestro Diplomado universitario en Pedagogía Montessori y su Aplicación a la Educación Infantil que comienza su nueva edición (la quinta ya con certificación universitaria) dentro de muy poquito. En este Diplomado Montessori profundizaremos en el uso, presentación y secuenciación de los materiales, además del desarrollo del niño, las bases científicas y pedagógicas de la filosofía Montessori…
Además, te invito a suscribirte a la newsletter de la web en este enlace y así sabrás cuando publico nuevos artículos o convoco formaciones en diferentes lugares de España.

.


