Cuando profundizamos en el estudio de la filosofía todo empieza a cambiar. Es como si nos colocáramos unas nuevas gafas con las que observar el mundo.

Hoy quiero compartir el testimonio de Cristian González Maurín , alumno del Diplomado universitario Montessori, el cual pude leer en su ensayo de mitad de formación. Sus palabras me emocionaron tanto que le pedí permiso para poder publicarlas, ya que creo que es un gran narrador y expresa a la perfección lo que nos pasa a muchas personas cuando comprendemos en profundidad la filosofía Montessori.

¿En qué consideras que tu mentalidad se ha transformado? ¿Con qué ojos miras ahora a la infancia? ¿Piensas igual cuando ves un conflicto entre padres e hijos por la calle? Redacta largo y tendido, porque considero importante que seas consciente de tu propio cambio. 

Mi forma de ver la infancia ha cambiado, eso es innegable. No es que no lo hiciera antes, porque llevo siendo consciente muchos años del profundo respeto que hay que tener hacia niños y niñas, pero ahora veo con mucha más claridad que muchas veces se les infantiliza y se les roba oportunidades de aprendizaje.

Yo no trabajo en un entorno educativo, pero sí en un cine, donde acuden muchos pequeños y pequeñas (desgraciadamente, el tema sobre pantallas lo avala e incluso hay familias que asisten con bebés prácticamente recién nacidos, es doloroso de ver). En este entorno puedo ver cómo hay núcleos familiares con distintas estrategias de crianza.

Muchos niños y niñas buscan autonomía cuando sus padres compran palomitas, hay algunos que les roban esta oportunidad, les dicen que no pueden llevarlas porque las tirarán al suelo. Otros, sin embargo, les motivan a cogerlas, diciéndoles que para que las palomitas no se caigan han de sujetar el paquete con fuerza y con una mano a cada lado. Cuando hay acciones así veo a niños y niñas inmersos en una concentración plena y yendo hacia la sala muy despacio para no tirar ninguna palomita. El cubo además tiene su propio control de error, si se cae alguna al suelo los pequeños y pequeñas saben que tienen que bajar su velocidad, o ser más firmes a la hora de sujetarlo. 

Dentro de las salas hay alzadores, y también puedo comprobar cómo niños y niñas hacen un ritual propio de un ciclo de trabajo: van al lugar donde está el alzador, lo cogen y lo llevan hasta su butaca, y al terminar la película lo devuelven a su lugar.

Desafortunadamente, hay familias que no permiten satisfacer esta necesidad de orden, y les dicen a sus hijos e hijas que el alzador no se recoge, algo negativo por varios motivos. El primero es que es una falta de educación básica, si acudes a un entorno y usas el material que te facilitan has de dejarlo donde lo encontraste. El mensaje que envías es egoísta y de escasa contribución a la comunidad. El segundo motivo devastador es que de nuevo estás robando una oportunidad de aprendizaje, es el propio niño/a quien quiere completar la acción, quien quiere satisfacer su orden mental devolviendo el material al sitio donde lo encontró. No dar respuesta al desarrollo evolutivo puede tener consecuencias a largo plazo.

No permitir ser autónomo cuando más falta hace puede construir a una persona con un repertorio escaso de habilidades para desenvolverse en su vida diaria en un futuro. Lo que veo día a día en mi trabajo me hace pensar en los estilos de crianza, y en la responsabilidad familiar para acompañarla. 

Antes he mencionado que no trabajo en un entorno educativo, (de momento, estoy opositando para lograrlo), pero ahora no lo tengo tan claro. Un cine es un lugar donde se realizan multitud de actividades de la vida diaria. La escuela es un microcosmos social, donde se ensayan tareas cotidianas para desplegar estas acciones en un contexto real. Un cine es un microcosmos social, donde se desarrollan tareas de vida práctica como transportar comida, rutinas de aseo en el baño, entre otras. Y es un ambiente donde practicar acciones de gracias y cortesía como respetar el silencio que hay que mantener durante una proyección.

Y es que no hay entornos que no sean educativos, la educación actual tiene la labor de trasladar la realidad del mundo al aula, una realidad que te encuentras en un supermercado, un parque, etc. Todo ello va formando a la persona que ha de poder contribuir en los principales retos del s. XXI. 

Cristian González Maurín

Millones de gracias Cristian por permitirnos compartir estas palabras, ojalá puedan ser inspiradoras para ese cambio de mirada en la educación que muchos de nosotros anhelamos.

Nos encantará leeros en comentarios.

Con cariño