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Queridos amigos,

Hoy publicamos este precioso texto elaborado por mi alumna Magda González.

Ella estuvo en todas las ediciones del Congreso Internacional Montessori, también hizo el curso Montessoriza tu vida, y ahora es alumna de Montessori Transformation. Nos cuenta cómo llegó Montessori a su vida y porqué le apasiona tanto esta filosofía.

Fotografía actual de Magda, abuela guatemalteca enamorada del Método Montessori

Una niña criada en ambiente educativo

Todo se remonta a mi niñez. He de contarles que soy oriunda de Guatemala y nací y crecí en la provincia de Quetzaltenango, hija de padres maestros. Somos seis hermanos, que vivimos muchas experiencias muy bonitas, ya que frecuentemente íbamos al campo porque mi abuelita paterna tenía una granja . Tuvimos mucha libertad de jugar y disfrutar de ese entorno tan sano en el que teníamos un contacto directo con la naturaleza. Mi mamá era Bachiller, Maestra de Educación Primaria y Maestra de Preprimaria, (Educación Inicial). Trabajaba en una de las escuelas públicas de ese nivel.

El Método Montessori se implantó en Guatemala en 1945

En 1945, cuando el Presidente de la República, Dr. Juan José Arévalo, se preocupó por mejorar la educación en mi país, mandó a un grupo de maestras a México, para prepararse en el Método MONTESSORI, siendo mi mamá una de las privilegiadas.

Lo instituyó en todas las escuelas, equipándolas del material propio del método.

Pasado el tiempo, llegué a la edad reglamentaria, que era cuatro años, y tuve la dicha de que mi mamá fuera mi primera maestra. Fue en ese ambiente tan bonito, donde los niños y niñas teníamos la libertad de aprender con ese material tan atractivo y ante todo con mucho amor y respeto.

Fui su alumna de los 4 a 6 años. Allí desarrollé muchas habilidades y destrezas y ante todo mi autonomía y libertad, fui una niña muy feliz.

Más tarde, mis tres hermanas menores tuvieron también el privilegio de ser alumnas de mi mamá. Me encantaba ver a mi mamá preparando materiales preciosos. Llevaba un cuaderno de trabajo donde en pequeño y con una habilidad asombrosa reproducía todo lo que hacía en su aula. Siempre la admiré tanto que me encantaba jugar de maestra con mis hermanas imitándola .

Foto de Magda cuando era alumna de la escuela

Después, todas pasamos a una escuela normal, donde se perdió la forma tan amorosa de guiarnos, ya que el método en primaria y nivel medio, era clase magistral.

En las escuelas parvularias con los cambios de gobierno eso se perdió y volvieron a lo tradicional. Mi mamá, después que terminamos todas de ser sus alumnas, como también era maestra de educación primaria, se cambió a ese nivel.

El ambiente de mi casa fue siempre de tener el deseo de aprender. Las cuatro mujeres somos maestras, y mis dos hermanos un médico y un ingeniero.

Una adulta deseosa de formar a nuevas generaciones

Pero de las hermanas, la que siguió con el deseo de cambiar la forma de enseñar fui yo. Me gradué de Maestra de Educación Primaria y al año siguiente ya estaba trabajando en una escuela pública.

Me gustaba principalmente dar clases a primer grado, porque allí podía enseñar con el Método MONTESSORI, leía mucho , para prepararme más y hacia mi propio material. De esa cuenta trabajé seis años seguidos impartiendo primer grado.

Después impartí segundo grado, donde podía seguir educando con esta filosofía, que era lo que me encantaba. Claro, en un momento dado tuve que dar clases a los otros grados, pero siempre lo hacía poniendo en práctica los principios del Metido MONTESSORI.

Niños en un aula en Guatemala. Magda fue maestra de primer y segundo ciclo.

Cuando me gradué como Licda. en Pedagogía y Administración Educativa, pase a ser Supervisora de Educación, puesto que ocupé solo cinco años, ya que quería seguir como docente en Educación Media, pasando a ser Directora de un instituto en la capital de mi país. Tuve la oportunidad de que los maestros hicieran su labor más interactiva y motivante, así que preparábamos muchas actividades en las que eran los propios alumnos quienes propiciaban su propio aprendizaje.

En fin , llegó después el momento de jubilarme, pero siempre llevando el deseo en mi mente , de querer tener mi propio colegio, pero con la filosofía del Método MONTESSORI. El año pasado estaba por abrir el aula MONTESSORI que había preparado, pero vino la pandemia y se tuvo que suspender.

Pero como todo lo que sucede tiene un fin, tengo fe de que el año entrante va a ser mejor y se podrá realizar mi sueño. Ese sueño que he abrigado por tantos años y que tengo el deseo de hacerlo realidad, pero no para la élite , sino que para las escuelitas que están alrededor de la casa, para que tengan esa experiencia y que poco a poco vayan también volviendo a educar con esa filosofía que es la única que se centra en el Niño ,después de haber hecho Maria MONTESSORI un exhausto estudio científico de el y haber encontrado su propia esencia.

Niños alumnos en Guatemala.

Casi parece una biografía, pero era necesario presentar los motivos por los que llevo tan en el alma la Filosofía MONTESSORI. A mis hijos tuve la dicha de orientarlos así, que gracias a ello, son adultos responsables, con muchos valores, felices y realizados, que me han dado unos nietos preciosos, que se les ha educado con este método, allí estoy yo para seguir en lo que me apasiona y así seguiré con mis bisnietas preciosas.

Tanto amor que siento por los niños y la dicha de que siempre estoy rodeada de personas positivas , me impulsa a seguir adelante, con el profundo deseo de que el Niño ocupe el lugar privilegiado que le corresponde, en esa etapa maravillosa donde se esta formando el adulto de mañana .He aquí pues, el por qué me apasiona el Método MONTESSORI , con el que , si se aplica tal cual ella lo concibió, llegaremos a educar para esa paz tan ansiada.

Magda González

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