Muy buenas queridos amigos,

Hoy es 30 de enero y en la mayoría de colegios se celebra el Día Escolar de la No Violencia y la Paz.

Me ha parecido una oportunidad maravillosa para entrevistar a mi compañera Cristina Tébar, que además ha participado en varias ocasiones como ponente del Congreso Internacional Montessori, ya que es la autora del cuento Con mis palabras, maravilloso para trabajar el tema de los conflictos desde la perspectiva de la crianza respetuosa, con enfoque Montessori y de Comunicación No Violenta.

Muy buenas Cristina, cuéntanos, ¿por qué decidiste escribir este maravilloso cuento, cómo surgió la idea?


Decidí escribir este libro porque siempre me ha parecido que la resolución de conflictos es un tema crucial en nuestra sociedad, y creo firmemente que aprender a gestionarlos desde pequeños es uno de los mejores regalos que podemos ofrecer a nuestros hijos y a nuestros alumnos.


El libro se basa principalmente en la visión Montessori sobre la resolución de conflictos, así como en los principios de la comunicación no violenta. Considero que ambas perspectivas ofrecen herramientas muy sencillas, fáciles de comprender y, sobre todo, de aplicar en la vida cotidiana.

Además, mientras lo escribía, pensaba no solo en los peques que lo leerían, sino también en las personas adultas que lo compartirían con ellos, porque sin duda los adultos también tenemos mucho que aprender sobre este tema.


¿Cómo se entiende el manejo de conflictos desde Montessori?


El manejo de conflictos en Montessori se entiende como una muestra más de respeto, como una forma más de relacionarme con las otras personas y conmigo misma de forma respetuosa, que al final es uno de los pilares básicos de Montessori. Entonces, lo que hacemos en Montessori es acompañar, sobre todo al principio, acompañar y dar herramientas a los peques para que puedan, poco a poco, resolver los conflictos con autonomía, para que cada vez requieran menos la intervención adulta, que es otra de las cosas que tratamos de hacer en Montessori, no darles todo hecho, sino facilitar que vayan teniendo autonomía, en este caso, autonomía emocional y de relaciones interpersonales.

Algo que hacemos en Montessori es mostrarles herramientas como la mesa de la paz, como respetar el turno de palabra, como la forma que tenemos de enunciar nuestras frases cuando estamos hablando con la otra persona para tratar de resolver el conflicto.

La manera en la que hablamos y en la que expresamos influye mucho en que ese conflicto se pueda resolver o bien se pueda escalar y convertirse ya en una discusión, en una pelea. Por eso, una de las cosas que hacemos es explicarles la importancia que tiene empezar las frases por cómo “yo me he sentido”, que esto es algo que también explico en el libro, en vez de empezar la frase diciendo lo que “tú me has hecho”. Porque si yo empiezo la frase diciendo “es que tú me has hecho tal cosa”, pues ya la otra persona se pone inevitablemente a la defensiva. Mientras que si yo empiezo la frase diciendo “yo me he sentido de tal manera cuando tú has hecho tal cosa”, ahí estoy poniendo el foco en lo que yo he sentido. No estoy poniendo tanto foco en lo que la persona ha hecho, se lo estoy comunicando igualmente, pero el foco está en cómo a mí eso me ha hecho sentir, para que de esa manera la persona pueda entender cómo yo me he sentido, porque aquí también estamos ayudando a que se desarrolle la empatía.

Y esta es una de las maneras en las que en Montessori facilitamos la resolución de conflictos.


¿Por qué es tan importante la filosofía de paz en la pedagogía?


En primer lugar porque la propia María Montessori era una firme creyente de que la paz era el camino hacia una Humanidad mejor. A lo largo de su vida vivió varias guerras y estuvo exiliada. Cuando estuvo en la India coincidió con Gandhi, con lo cual tuvieron un intercambio muy interesante.


De hecho, María Montessori estuvo nominada hasta en tres ocasiones al Premio Nobel de la Paz, algo que mucha gente no
sabe. Y más allá de todo el legado que nos dejó a nivel pedagógico y a nivel humanístico, por así decirlo, nos dejó un legado menos conocido, pero que a mí me parece una pasada. Y esto, claro, se nota claramente en la pedagogía Montessori.


La importancia que ella le da a la paz, a una educación para la paz, es uno de los pilares de la pedagogía Montessori, porque ella considera que la paz no es solamente la ausencia de guerra, sino un estado en el que la humanidad se desarrolla de la mejor forma posible y en el que cada persona, a nivel individual, también se desarrolla para alcanzar su máximo potencial.

Ella incide mucho, y esto ya es más propio de la etapa 6-12 y de la educación cósmica, en la importancia de nuestro papel como individuos dentro de un todo. En la interconexión que existe entre todas las partes, no solo del planeta Tierra, sino de todo el universo.

Este libro, en cambio, está enfocado a edades de alrededor de 2, 3, 4 y 5 años, así que todavía no estamos en esa etapa de educación cósmica. Pero sí que la filosofía de la paz empieza a transmitirse de alguna manera a través de esta forma de resolver conflictos, de entendernos con las demás personas, de transmitir y expresar cómo nos sentimos y, a su vez, de entender y comprender cómo se sienten las otras personas.

Porque, al final, la base de la paz es eso: conectar con las demás personas y no entrar en esas luchas de ego que son las que nos quitan la paz.

¡Aquí podéis ver un vídeo del cuento!


¿Cómo se pone en práctica la dinámica de la mesa de la paz?


En la mesa de la paz podemos tener varios elementos, de los cuales algunos son opcionales y dependen un poco de cada guía o de cada familia, porque en casa también lo hacemos. Pero sí que hay un elemento que para mí es crucial, que es algo que regule el turno de palabra, que es lo que en el libro utilizamos como el palo de hablar. En Montessori no se habla exactamente del palo de hablar, pero sí de algún elemento que regule el turno de palabra.


Eso sirve para que, de forma concreta y tangible, las personas que están hablando para resolver un conflicto puedan saber y respetar el turno de palabra. La persona que tiene ese objeto en sus manos es la que habla y, cuando termina, le pasa el objeto a la otra persona. De esta forma evitamos que dos o más personas hablen a la vez y que el conflicto pueda acalorarse más.


Aparte de eso, en la mesa de la paz tradicionalmente también se suele poner una campana o un timbre que sirve para dar cierre a ese proceso de resolución de conflictos. Cuando se ha terminado y se ha llegado a un acuerdo, las personas que han estado resolviendo el conflicto pueden tocar la campana, como celebrando que han conseguido resolverlo.

Luego hay otros elementos que pueden añadirse, como objetos que nos ayuden a calmarnos o que nos inspiren paz, elementos que simbólicamente estén relacionados con la paz. Pero eso ya es opcional. Lo principal es contar con algo que regule el turno de palabra y con la campana para dar ese significado de celebración a la resolución del conflicto.

La manera de utilizar la mesa de la paz consiste en que las personas que han tenido un conflicto van a ese lugar donde tenemos la mesa de la paz, que puede ser una mesa o simplemente un cesto donde guardamos los objetos. No hace falta que sea una mesa en sí.


Vamos a ese espacio y empezamos a explicar lo que ha pasado utilizando el objeto que regula el turno de palabra. Primero habla una persona, luego la otra responde y explica su versión de lo ocurrido, y así sucesivamente hasta que llegan a un entendimiento, hasta que alcanzan un acuerdo en el que ambas personas se sienten satisfechas.


En este proceso puede haber una persona que actúe como intermediaria, que puede ser una persona adulta o también otro niño o niña, normalmente alguien un poco más mayor, que acompaña por si las dos personas no son capaces de resolver el conflicto por sí solas y necesitan mediación. Si pueden hacerlo de forma independiente, no hace falta que intervenga nadie más.Esa es la forma de utilizar la mesa de la paz cuando se trata de resolver un conflicto entre dos o más
personas.


Otro uso de la mesa de la paz es cuando una persona se siente desregulada. En ese caso puede ir de manera individual a la mesa de la paz para calmarse, relajarse y encontrar la paz dentro de sí misma. No hace falta que sea un conflicto con otra persona, puede ser un conflicto interno, y la mesa de la paz sirve también como un recurso para ayudar a resolver ese conflicto interno.


¿Cómo se puede aplicar todo esto en el día a día?

Eso es lo que he tratado de transmitir con el libro, porque en él vemos situaciones súper cotidianas de niños en el parque, que es donde surgen muchos conflictos a estas edades, en torno a los tres, cuatro o cinco años.

Ahí es donde vemos que, para cualquier tipo de conflicto, podemos utilizar estas herramientas. En el ejemplo del libro, como estamos en el parque, no tenemos la mesa de la paz. Las personas adultas que están acompañando proponen a los peques utilizar el palo de hablar como objeto para regular el turno de palabra. También les ayudan a identificar cómo se sienten en el cuerpo las emociones que están viviendo.


Esto es algo muy visual para peques de estas edades. Poder reconocer, por ejemplo, ese calor en el pecho o ese nudo en el estómago, identificar las emociones a través de cómo se manifiestan en su cuerpo, y desde ahí poder expresar cómo se sienten antes de que lleguen a un nivel que les sobrepase.

Esta es una manera de llevar todo lo que he explicado sobre la mesa de la paz a cualquier situación cotidiana, sin necesidad de tener una mesa de la paz a cuestas. Con cualquier objeto que pueda regular el turno de palabra, que podemos improvisar, ya podemos explicar y acompañar la resolución de conflictos tal y como se hace en Montessori.

Y aunque el libro esté enfocado a explicárselo a nuestros hijos, hijas, alumnos… creo que como personas adultas todavía tenemos mucho que aprender de estas herramientas y que nos pueden servir muchísimo en el día a día para resolver nuestros conflictos.

¡Muchas gracias por la entrevista!

Muchas gracias a tí Cristina, un placer trabajar contigo, como siempre.