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¡Muy buenas!

Hoy vengo a hablar de algo que me apasiona, Montessori, que para mí, más que una pedagogía es toda una filosofía de vida. Y es que algo que suele pasar es que cuanto más la conoces más te enamora, todo tiene un por qué, y es maravilloso poder comprobar en primera persona los beneficios que tiene para mis hijos.

Mi primer acercamiento a Montessori fue hace ya unos cuantos años, había oído hablar de este «método«, sentía que ese profundo respeto a la infancia conectaba conmigo, pero como muchas veces pasa, no sabía por donde empezar. Vivimos en la era de la información, hay muchos libros, (no solo los que escribió María Montessori que son quizá un poquito más densos si no muchísimos más como por ejemplo el de mi admirada compañera Bei de Tigriteando-Montessorizate), blogs y webs especializadas, pero a veces esto hace que estemos «infoxicados» y un poco perdidos.

Así que tomé acción y decidí apuntarme a un curso vivencial de todo un fin de semana con Celine Hameury, (bueno, en realidad fue un regalazo de mi pareja), y he de decir que para mí fue un antes y un después. Conocer un poquito más sobre la biografía de María Montessori me impresionó mucho. No solo saber que fue la primera mujer en graduarse en la facultad de medicina en Italia, si no porque luchó contra viento y marea con todos los obstáculos que trataron de ponerla. Y, aunque en su juventud rechazó ser maestra, (que era lo que se esperaba de las mujeres, o ama de casa o trabajar de forma humilde en una escuela), finalmente, estando trabajando en instituciones mentales apoyando una cátedra de psiquiatría, encontró niños «abandonados por el sistema», eso la dejó profundamente impactada, decidió intentar sacarles de ahí y darles una educación, enseñarles a leer y escribir, a sumar y restar, en definitiva, permitirles que tuvieran oportunidades en la vida,  algo muy contrario a lo establecido.

Su método, (aunque a ella no e gustaba llamarlo así), hizo que estos niños aprendieran de una forma maravillosa, a partir de experiencias sensoriales, de materiales manipulativos, (lo que hoy la ciencia nos dice sobre los procesos de aprendizaje María Montessori lo intuía hace más de cien años gracias a sus observaciones), e incluso estos niños llegaron a pasar las pruebas de primaria más importantes de Italia.

Otra de las cosas que comenzaron encantándome de esta pedagogía era comprobar en primera persona lo sencillo que es aprender las cosas cuando te las explican de una forma tan maravillosa. Por ejemplo, conceptos que a priori son más abstractos, como las matemáticas, pasan a ser tremendamente sencillos cuando «los puedes tocar con tus propias manos». Está claro que luego hay que aprender cosas de memoria, por su puesto, y tener habilidad en cálculo mental, pero, ¿sabes lo diferente que puede ser cuando un niños entiende qué hace cuando está multiplicando? ¿Y qué me dices de la historia? En mi infancia nunca se me dio bien aprender «batallitas» y fechas de acontecimientos históricos, (seguramente no tuve los profesores más motivados), pero, la primera vez que escuché una de las «grandes lecciones» de Montessori pensé, ojalá a todos nos lo hubieran contado así..  Otro día hablaré más a fondo de ellas, pero tratando de hacer un resumen rápido, te diré que una de las partes más hermosas de la Pedagogía Montessori es la Educación Cósmica, en la que se ofrece a los niños el conocimiento en Ciencia y Cultura a partir de Primaria, y estás grandes lecciones invitan al niño a descubrir el origen del mundo, la aparición de la vida, del ser humano, el lenguaje y los números. Se van contando todos los años, los maestros pasan semanas preparándolas y las cuentan de una forma muy impactante, por ejemplo, en la primera de ellas, se simula la explosión del Big Bang, (puedes ver un vídeo en inglés aquí), en otra, cuando se explica el descubrimiento del fuego, se prende una hoguera real, y así todas, podrás imaginar que este tipo de recuerdos se queda para siempre en los niños, que cada año van entendiendo un poquito más según su madurez.

 

 

Lo que no sabía por aquel entonces, es que la vida me daría la oportunidad de llevar a mis hijos a una escuela Montessori. En 2016 la empresa en la que trabaja mi pareja nos hizo una propuesta para irnos a vivir a México, y aunque la decisión nos asustaba, (irnos a 9000 km de nuestros hogares, sin tener familia allá ni conocer a nadie, con una niña y con un bebé no era fácil), una de las razones que más nos animaron a dar el salto fue precisamente esta, ofrecer a nuestros hijos otro tipo de educación, algo que para mí era un sueño, y que en España era prácticamente imposible.

Allí pude terminar también mi formación como guía Montessori, otro sueño que se terminó de cumplir. Incluso pude hacer más de tres meses de observaciones en diferentes aulas, trabajar como maestra titular en una escuela, y aún a día de hoy sigo colaborando con la directora del colegio al que fueron mis hijos llevándole la web y redes sociales, y es que es algo que haría casi gratis, porque cuando trabajas en lo que te apasiona es como si no estuvieras trabajando, y poner mi granito de arena en difundir el hermoso legado que María Montessori nos dejó me hace inmensamente feliz. 💙💙💙💙💙

¿Y qué cambios vi en mis hijos?

Esta es una pregunta que me hacen muchas alumnas, así que voy a tratar de explicarlo de una forma resumida. En primer lugar, cuando son pequeños, lo más sorprendente es la gran autonomía que llegan a desarrollar, esto puede verse en muchos vídeos que circular por la red, pero cuando lo ves con tus propios ojos es algo muy impactante.

Desde que son pequeñitos, con poco más de un año, entran a clase, se quitan el abrigo, lo cuelgan, se colocan el babi, caminan despacio por el aula, eligen el material con el que trabajar, lo transportan con sus manitas muy atentos para que no se les caiga, lo llevan a una mesa de su tamaño, y se sientan a manipularlo. Una de las cosas que llaman la atención también es los periodos de concentración que llegan a desarrollar desde edades tan tempranas, y esto se debe en gran parte al material, ya que para mí los materiales Montessori son verdaderas obras de ingenio, (María Montessori entre otras cosas estudio también una ingeniería, y eso se nota).

Cuando llega la hora del almuerzo es uno de sus momentos preferidos, ya que la preparación de alimentos es una parte muy importante del currículo, en general todas las actividades del área de vida práctica les ayudan muchísimo en el tema de desarrollar la autonomía, pero sobre todo, ver la cara de orgullo y satisfacción cuando ellos colaboran en preparar el desayuno a sus compañeros es maravilloso, (y ese sentimiento de logro es muy importante y hace «conexiones neuronales de las buenas«).

 

Todo esto, junto con el hecho de que se da libertad a los niños para que construyan su propio aprendizaje a partir de sus intereses y sus periodos sensibles, de que el material lleva su propio control del error y por tanto no hay ningún adulto que le tenga que decir al niño «así no, lo estás haciendo mal», si no es el propio niño quien lo descubre, (métodos más deductivos en lugar de inductivos como en la pedagogía tradicional), hace que los niños crezcan con una sana autoestima, y creo que esto es algo que deseamos todos los padres, ¿no es así?

Podría estar horas y horas hablando de todos los cambios que vi en mis propios hijos, pero creo que con decirte que mi hija mayor, que justo comenzó primaria en el colegio Montessori y ya era una etapa más seria, quería ir al cole los fines de semana, ¡e incluso en verano! Y creo que eso ya es una señal bastante impactante de lo bien que se lo pasaba ahí dentro, ella lo sentía como su segundo hogar, se la trataba con respeto y se sentía importante, (se trabaja mucho el sentido de pertenencia, tan importante en los peques), y eso para mí era impresionante. ¿Qué niño está deseando ir al colegio cuando llegan las vacaciones? Pues es que para ella era realmente una diversión, dentro del currículo educativo tenían también clases de Arte, a las que se les daba mucha importancia, y de Música, (pero con músicos tocando instrumentos de verdad, no leyendo un libro de biografías y pentagramas), de Yoga (creo que aprender la relación cuerpo.mente desde la infancia tiene innumerables beneficios). Y todo esto sin exámenes (aunque sí había los de la Secretaría de educación Pública de México), sin deberes (ya que cuando hablamos de  aprendizaje significativo y educación personalizada estos dejan de tener sentido), y sin notas, («oh, ¡qué escándalo! ¿pero entonces cómo saben los profesores que los niños aprenden?» 🤪).

Aquí te dejo otro vídeo que trata de resumir esta locura que se experimenta cuando Montessori entra en tu vida, y te invito a que sigas leyendo otros artículos del blog y a que veas testimonios de los cambios que han experimentado mis alumnas, ¡un abrazo y ya sabes dónde estoy si me necesitas, puedes echar un vistazo a mi curso Dreaming Montessori o a mi programa Montessori Transformation.

 

 

 

 

 

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